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San Dionisio Yauhquemehcan, larga devoción por la Pasión de Cristo

David Chamorro Zarco
Cronista Municipal

Párrafo tomado del texto: «Semana Santa en Yauhquemehcan: tradición, fe y devoción#


El pueblo de Yauhquemehcan ha cambiado a lo largo del tiempo. Es difícil precisar desde cuándo hay presencia humana en el área que ocupa San Dionisio y sus barrios. Al menos hace unos mil años que se tiene una población relativamente constante. No se puede exponer en este espacio mayor detalle, y solo cabe señalar que a la llegada de los españoles vivían diversos núcleos humanos en el área, destacándose puntos de vigilancia y defensa en la parte más elevada del relieve.

Desde luego, el núcleo más importante de la región era Atlihuetzían, cuya participación fue decisiva a la llegada de los españoles, en la actividad evangelizadora, a partir de la construcción y operación del convento franciscano y, desde luego, con el sacrificio del niño Cristóbal que, llegado el momento, sirvió para afianzar las convicciones cristianas.

El predominio de Santa María Atlihuetzían se extendió hasta que se decretó la secularización del clero, en 1640. A partir de este momento comenzó, al menos para la provincia de Tlaxcala (dependiente del Obispado de Puebla), la sustitución de los religiosos regulares, en nuestro caso los franciscanos, poco a poco, por sacerdotes seculares diocesanos.

Esto trajo como consecuencia, entre otras cosas, que las comunidades de la zona se interesaran en la construcción de sus propios templos y capillas, quedando bajo la autoridad del Obispo la designación de las sedes de las parroquias.

Fue de esta manera como Santa María Atlihuatzian perdió su preeminencia, y poco a poco se fue dando paso a la construcción progresiva de los nuevos templos y capillas, aproximadamente desde el último tercio del siglo XVII.

Hay que entender que estos procesos edificativos, en la mayoría de los casos en la provincia de Tlaxcala, tardaron decenas de años (treinta o cuarenta, en el caso de los más adelantados y hasta más de ochenta para otras circunstancias o localidades). Explicar esa aparente lentitud en la edificación de templos implica comprender que en la época de referencia no existía una concentración demográfica tan alta como la vemos en nuestros días; es decir, la población era mucho menor.

Tan solo como dato referencial, hay que anotar que gran parte de la población de los naturales perecieron durante el siglo XVI a causa de epidemias como la viruela. Construir no solamente implica tener la buena intención o los conocimientos técnicos, sino poseer los recursos económicos, materiales y humanos para hacer frente a cada detalle.

Aunque resulta aventurado determinar una fecha precisa de inicio y culminación absoluta de la edificación de la parroquia de San Dionisio Yauhquemehcan, lo más probable es que hayan iniciado en las últimas décadas del siglo XVII, y que hayan tomado, cuando menos, los treinta primeros años del siglo XVIII para completar las primeras fases edificativas.

Parece existir un consenso entre los expertos en historia del arte acerca de que lo que el día de hoy es la sacristía de la parroquia de San Dionisio fue también la primera parte del conjunto religioso, existiendo, básicamente bajo la denominación de “Capilla de Visita”, desde la segunda mitad del siglo XVI.

A partir de ahí se llevaron a cabo diversos trabajos en diferentes fases temporales y, aunque es muy difícil establecer una cronología secuencial de edificación, muy posiblemente se pueda aventurar como supuesto que hacia 1730 o 1740 la nave principal haya estado lista y en condiciones de ser utilizada para la liturgia y otros rituales diversos.

Lo que interesa resaltar en este segmento es que la feligresía de San Dionisio Yauhquemehcan comenzó a preocuparse, sea a través de sus propios recursos o por intermediación de patrocinadores o beneficiarios, de adquirir diversos elementos para llevar a cabo las diferentes celebraciones.

Quiero resaltar que, en el caso concreto de Semana Santa, a juzgar por los elementos físicos y artísticos existentes, se podría decir que los rituales propios de la época se han llevado a cabo, más o menos con las mismas características, durante los últimos doscientos cincuenta años.

Lo anterior, con base en diversos elementos pictóricos y escultóricos que se poseen en el interior de la parroquia, y que de hecho son utilizados hasta el día de hoy. Así, por ejemplo, en el caso de las dos esculturas de Jesús, una a la que conocemos de manera popular como “Padre Jesús”, y la otra que es la del Cristo yacente del «Santo Entierro», proceden aproximadamente del último tercio del siglo XVIII.

Otro tanto se puede decir acerca de la pintura en óleo a la que se conoce como «El Santo Entierro», que hace poco tiempo fue sometido a trabajos de limpieza y restauración de parte de alumnos y maestros de la Escuela Nacional de Conservación y Restauración de Arte de la Ciudad de México, y por cuyos trabajos sabemos que la obra habría sido pintada por maestros del área de Puebla y Tlaxcala.

Esto se complementa con otras esculturas utilizadas para el culto y la devoción, como la de la Virgen de los Dolores, la del Apóstol San Juan y la de Santa María Magdalena, además de la que representa a Jesús Triunfante, bajo la categoría genérica de «Cristo Resucitado», lo mismo que la que le representa montado en un pollino y con una palma en la mano, que preside los ejercicios del Domingo de Ramos.

Estas coincidencias en el fechamiento relativo de las piezas dan una idea de que la feligresía de San Dionisio Yauhquemehcan, una vez que tuvieron en condiciones utilizables el templo, dedicaron esfuerzos y recursos para hacerse de estos objetos de arte que, una vez consagrados, se consideraron como vehículos de fe y devoción.

En suma, se puede afirmar que en los dos últimos siglos y medio, la feligresía de San Dionisio Yauhquemehcan ha desarrollado, de manera casi ininterrumpida e inalterable, estas solemnidades, lo que explica la enorme profundidad de raíz que tiene entre la comunidad estos actos religiosos.

Por supuesto, con esto no quiere decirse que en San Dionisio Yauhquemehcan las solemnidades de Semana Santa sean las más antiguas de Tlaxcala, pues se encuentra documentado que en otras poblaciones hay tradiciones de más antigua realización.

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